Mis pies son de goma, no los siento, se moldean dolorosamente a forma del pavimento. Mis pulmones también tienen los efectos secundarios del esfuerzo, pues arden a cada inspiración y espiración que realizo agitadamente. Necesito parar, necesito hacerlo, pero no puedo. Sin embargo sé, como se puede saber en los sueños, que no corro un peligro real, que no me pasará nada. Pero me siguen. Y debo huir.
Ya puedo ver su gran sombra, más oscura que una sombra normal, también más siniestra. Aún no le he visto la cara, pero con haber visto sus pies intentando pisarme, aplastarme y así matarme, me basta. No miro atrás ni una vez más. Creo sentir su desagradable aliento a azufre respirando en mi nuca, pero sé que si vuelvo mi mirada, estaré perdida.
El paisaje ha cambiado de repente, ya que los sueños son así de irreales. Ya no son calles las que atravesamos, son las ruinas de estas mismas, puedo verlas, y olerlas, pues aún huele a cenizas y polvo, a guerra y misiles. Miles de disparos y bombas que han terminado por destruir todo lo que conocía y había a mi alrededor. Esto lo veo de forma fugaz. Pues la sombra del mal aún me pisa los talones.
<<¡Vete! ¡Déjame tranquila!>> desearía poder decirle, pero sé que no tengo fuerzas suficientes para hacerlo. No entiendo ni siquiera cómo puedo seguir corriendo de esta forma si siento como si me muriese poco a poco. Intento parar aunque eso signifique mi muerte directa, pero, sin embargo, mis piernas no responden y continúan moviéndose. La sombra se ha ido, ahora es otro el peligro que me acecha. Frente a mí hay un enorme barranco, a unos 200 metros. No puedo parar, no puedo.
Comienzo a desesperarme, intento tropezar, pero debido a mis clases de atletismo, soy demasiado habilidosa, intento coger una ruta con tantos obstáculos que ni siquiera yo pudiese con ellos. Pero salto y salto, unas zancadas sobrenaturales que me hacen acercarme cada vez más a la gran caída mortal.
100 metros.
Sigo corriendo, sin cesar.
50 metros.
Otra opción sería desmayarme por falta de aire, pero a pesar del dolor de respirar, no lo hago.
20 metros.
El pánico recorre mis venas, el sudor frío todo mi cuerpo. Quiero llorar, pero eso es algo que tampoco puedo controlar. Mi cuerpo decide por mí.
10.
Grito.
9.
Sigo gritando.
8, 7, 6.
Estoy perdiendo mis esperanzas por completo, me rindo.
5, 4, 3.
2.
Me dejo caer al barranco.
1.
Sin embargo, no caigo, despierto.
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